LAS ETIQUETAS, ¡CON LUPA!

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La verdadera información de lo que consumimos se encuentra en el rótulo nutricional y en la lista de ingredientes. Aprender a leerlos es un paso clave para hacer buenas elecciones.

Dejarnos llevar solo por lo que vemos en el frente de los envases puede ser un arma de doble filo. La información que vemos bien grande y en colores, muchas veces no se condice del todo con la letra chica que hay en el dorso (¡que es la que de verdad importa!).

Mientras en Argentina se encuentra en debate parlamentario el etiquetado frontal (una política pública que busca informar en el frente de los envases las cantidades elevadas de nutrientes potencialmente dañinos para la salud), seguir educándonos en la lectura del rótulo nutricional y la lista de ingredientes es una herramienta valiosísima.

Las etiquetas son la comunicación entre la empresa y el comensal. Y, por reglamentación, su información tiene que ser verídica. Aprender a descifrarlas es un paso clave para elegir más conscientemente lo que consumimos. Como digo siempre, ¡la información nos empodera!

Estos son algunos datos a tener en cuenta:

  • Los ingredientes aparecen siempre de mayor a menor, es decir, de lo que más a lo que menos contiene el producto. Un dato clave para saber DE VERDAD lo que estás consumiendo.
  • Si los ingredientes son más de cinco, se considera que el producto es un ultraprocesado. Generalmente a la lista se suman aditivos, colorantes y saborizantes. Nada de eso es nutritivo.
  • Siempre hay que estar atento a la PORCIÓN. Porque los valores nutricionales los dan basados en ella. ¡No en el paquete completo!
  • Mirá siempre la denominación de venta del alimento. Tal vez veas la palabra leche bien grande, pero en algún lugar una letra chiquita puede decir “alimento lácteo a base de leche”. Y no es lo mismo.
  • ¿Creés que ese snack “saludable” no tiene azúcar? Ojo si ves cualquiera de estas denominaciones: jarabe de malitol, jarabe de glucosa, jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), fructosa o melasa. Todas son azúcares. 
  • Las grasas de mala calidad no son solo la grasa bovina o la margarina. Si ves nombres como “aceites hidrogenados”, estás frente a una grasa industrial para nada positiva para tu salud. 
  • Cuidado con la palabra light. El Código Alimentario Argentino permite etiquetar como light todos aquellos productos que reduzcan en un treinta por ciento alguno de los componentes de su versión original. Así, una galletita baja en sodio puede decir “light”, sin haber bajado su aporte graso.
  • ¿Sin colesterol? Y claro. Todos los alimentos que no contienen derivados animales son libres de colesterol. Agregarlo en el frente de productos de origen vegetal es publicidad engañosa.

La lista es mucho más larga, pero estos consejos son un buen punto de partida para estar con los ojos más entrenados y elegir más a conciencia los productos con los que llenamos las alacenas. ¡A mirar con lupa!