CARBOS, ¿AMIGOS O ENEMIGOS?

De un tiempo a esta parte, la palabra carbohidratos está puesta en la mira. ¿Son realmente los adversarios de una buena nutrición?

Lejos de ser alimentos que debemos mirar de reojo, los hidratos de carbono son un macronutriente esencial en nuestro desarrollo, tanto como las grasas y las proteínas. Lo importante es saber regular su consumo, ya que al ser – fundamentalmente– proveedores de energía, si los consumimos en exceso, el cuerpo los guarda. 

Cuáles sí, cualés no

Los hidratos de carbono, aunque los relacionemos solo con las harinas, están en las frutas, las hortalizas, las semillas, distintos cereales y los lácteos. Por eso, la clave es que los que elijamos consumir sean de la mejor calidad nutricional posible.

Una harina o un azúcar refinado son de alto impacto calórico y poco valor nutricional, en cambio, una fruta o una hortaliza que aporta hidratos, pero a la vez está aportando fibra, vitaminas, minerales esenciales y mucha agua.

En la estampida por hacer “menos dañinos” a los hidratos de carbono, mucha gente elije productos integrales. Pero, ¿son realmente una opción más nutritiva?

Lo cierto es que son prácticamente lo mismo en cuestión de calorías y en la cantidad de carga glucémica que producen en el cuerpo. Lo que cambia es que tienen un mayor nivel de fibras. En ese sentido, mi consejo siempre es seguir buscando alternativas más nutritivas. ¡Lo que lo llamo intercambios inteligentes! Por ejemplo hacer una pizza con base de zanahorias o coliflor. ¡Sin amasar, con menos calorías y con más nutrientes!

¿Y las dietas dietas Low Carb?

Muchas veces, a la hora de comenzar un nuevo plan de alimentación, nos topamos con la impronta low carb, en donde se busca reducir el consumo de carbohidratos como azúcares, harinas almidonadas y cereales por debajo de los estándares culturales, lo que en muchos casos ayuda a frenar el abuso de ultraprocesados que generan en la población argentina un 65% sobrepeso  y obesidad. 

Este tipo de dietas reduce la ingesta de carbohidratos por debajo del 30%, cuando en líneas generales se consume alrededor de un 50/70%. ¿Qué logramos con esto?  Un gran proceso desinflamatorio y la posibilidad de que el cuerpo comience a buscar más energía en las grasas ayudando a quemarlas. ¡Claro! ¡Flexibilidad metabólica! 

Aunque hay algo importantísimo a tener en cuenta: si descendemos el consumo de carbos y elevamos el consumo de grasas, como sucede en una planificación low carb, paleo o keto, es clave que esas grasas sean de buena calidad nutricional, como las que nos ofrecen algunos pescados, la palta o el aceite de oliva, en lugar de caer en achuras, embutidos, comidas fritas, etc. Si no, vamos a estar cambiando una mala alimentación por otra mala alimentación. ¡Y eso nunca está bueno!

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