¿PONEMOS PLAY A TU CAMBIO?

Cuatro secretos para que dejes de postergar tus ganas de sentirte bien.

Hay algo que me encanta de la palabra play: además de decirnos que algo está por empezar, nos invita a jugar. Play es comienzo y es juego, y esa es una combinación hermosa que tenemos que poner a nuestro favor para empezar un cambio de hábitos. El tema es cómo, ¿no?

“Se empieza empezando” dice una línea de mi nuevo libro, Nutrición al diván. Y creo que es una frase que, de tan sencilla, es reveladora. Porque, por más obvio que resulte, a todos nos cuesta dar ese primer paso. Lo cargamos de expectativas, de un perfeccionismo impoluto sin el que no movemos un pie. ¿No es más fácil lanzarse y empezar? ¿Hacer que la próxima comida sea una oportunidad de cambio en lugar de esperar al lunes, a la próxima compra, a la fase de la luna o a que pase el casamiento de tu prima?

Pensemos en los bebés: sienten que es hora de empezar a caminar y se paran, se agarran de lo que pueden y avanzan. No esperan a tener la planta del pie lista para dar ese paso, ni su motricidad desarrollada a tope. Lo intentan y se caen; se levantan y siguen.

Para poner play sin tanto preámbulo y empezar un verdadero cambio de hábitos, hay cuatro herramientas que podés poner en práctica. ¡Creeme que funcionan!

Es hora de empezar tu cambio de hábitos. ¡Te estaos llamando!
  1. Aprovechar el impulso inicial: cuando tomás la decisión de empezar un cambio, estás en la cima de tu motivación. Ese es el momento para accionar, salir en busca de alimentos más copados para vos, anotarte en una clase de gimnasia, sacar el turno con un nutricionista. Cuando dejás esas acciones para más adelante, pueden diluirse. En cambio, una vez que las ejecutás, son ellas las que te recuerdan lo que querías hacer y te empujan a no volver atrás.
  2. Dejar de lado el perfeccionismo: Cada decisión que tomamos nos empieza a acercar un poco a nuestro objetivo. No hace falta que los pasos sean enormes, ni los cambios radicales; la alacena puede estar aún desprovista de todo lo necesario y tal vez aún no te hiciste el tiempo para empezar a entrenar, pero la clave es accionar, no que el modelo a seguir sea perfecto. Ya se va a ir moldeando en el camino, por tu propia motivación al ver los primeros resultados.
  3. Fijar objetivos: ¿Te preguntaste para qué querés este cambio? ¿Es por salud, para mejorar tu rendimiento, por una disconformidad estética? Cuando setees esas metas, el comienzo te va a ser más sencillo, porque vas a saber qué herramientas usar y qué pedirle al profesional que te acompañe.Y, además, vas a tener desde el comienzo la zanahoria a la vista, el sueño por cumplir bien definido, ¡y eso es combustible premium! (igual que una buena alimentación).
  4. Olvidar los prejuicios: Salir de tus espacios mentales y emocionales de confort puede ser la llave para que el comienzo no te cueste tanto. Animarte a algo distinto tal vez te abra una puerta que no estabas esperando. ¿Por qué no probar, mañana mismo, si no te sentís bien desayunando un pan de legumbres en lugar de una tostada? Tal vez te sorprendas.

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