En #MarchettiRules hace años que tenemos la lupa puesta en cómo la industria remplazó los alimentos reales por ultraprocesados. Estos productos adictivos, en lugar de nutrirnos, están causando una epidemia de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y obesidad.
En los últimos días, con la publicación de las nuevas Guías Alimentarias 2025–2030 en Estados Unidos, los ultraprocesados marcaron agenda en todo el mundo. El mensaje impulsó programas públicos que recorten los productos refinados y los azúcares agregados, y usen la alimentación real como herramienta de prevención.
Esto se da en un contexto donde más de la mitad de los adultos tiene al menos una enfermedad crónica relacionada con su dieta y varios adolescentes son diagnosticados con prediabetes.
Ahora, la pregunta incómoda es: ¿este es el “modelo” que hay que seguir? Porque pirámides nutricionales hubo siempre y memorizarlas nunca nos sirvió demasiado.
Volvemos entonces a nuestro mensaje original: lo importante es lo que vos hacés con tu alimentación. Porque una guía general puede ser un punto de partida, pero no reemplaza lo que de verdad cambia el juego: un objetivo personal, un sistema planificado y decisiones sostenibles en tu contexto, con tus tiempos, tu presupuesto, tus hábitos y tu entorno.
Ultraprocesados, el quid de la cuestión
El eje de la tormenta gira una y otra vez en torno a lo mismo: cómo fuimos reemplazando la comida real por productos que, en su manufactura, pierden todo atisbo de nutriente.
¿Cómo conocer la diferencia? Simple.
La comida real viene de la tierra o de animales y es perecedera. Si está envasada, regla de oro: que la lista tenga no más ingredientes que el alimento principal.
Los ultraprocesados son productos muy intervenidos, con aditivos, altos en azúcares, sodio y grasas, hiperpalatables, duraderos y de bajo valor nutricional. La industria los diseña para que “resuelvan” rápido, pero el costo suele aparecer después: inflamación, peor relación con el hambre/saciedad y más riesgo de enfermedades como diabetes, hipertensión y obesidad.
Aquí va un detector simple (y brutalmente honesto): si tiene más de cinco ingredientes, si dura meses/años, si “no podés parar”, o si el marketing te grita “saludable” en el frente del paquete… no hay duda: estás frente a un ultraprocesado.
Queda en vos saber si las guías, tablas o pirámides son lo tuyo. O si vas a armar tu propia metodología. Lo que ya sabés es que el objetivo manda y que los ultraprocesados deben ser solo una cuota de placer necesaria para intercalar en un plan organizado.
//Para hackear más tu cabeza, te invitamos a leer el Método #MarchettiRules, la actitud para aprender a nutrirte y comer lo que quieras//
